Reduce la tensión emocional y el litigio en las relaciones
interpersonales y familiares.
Al ser voluntaria, las partes deciden someterse a ella o retirarse
de la misma.
Favorece vínculos y el ejercicio de las responsabilidades
entre los progenitores y sus hijos, en un clima de cooperación y
respeto mutuo.
Las decisiones y los acuerdos son tomados por las partes en conflicto
y no por un tercero, lo que favorece un mayor nivel de efectividad, cumplimiento
y justicia de los compromisos acordados.
Es más breve y más económica para las partes,
reduce las tensiones provocadas por el conflicto, favorece por tanto la
autoestima y el ánimo de cooperación. Es, sin duda, más
barata que la vía judicial.
Facilita y restablece la comunicación entre las partes favoreciendo
la toma de decisiones.
Es flexible, permite afrontar desde grandes a pequeños problemas.
Atiende las necesidades personales de cada uno de los implicados,
sin olvidar las de los menores, cuando los hay.
Permite a los padres, en los caso de separaciones y divorcios,
tomar decisiones realistas y adecuadas en beneficio de sus hijos y su equilibrado
desarrollo.